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miércoles, 23 de noviembre de 2016

"La AP Cantabria confirma la condena a un ganadero por envenenar a animales y especies protegidas"


“Una pena de prisión de DOS AÑOS, la inhabilitación especial para la profesión de ganadero o cualquier otra relacionada con la ganadería por plazo de DOS AÑOS, la inhabilitación del derecho a la caza por tiempo de CUATRO AÑOS, así como a indemnizar al Gobierno de Cantabria en la cantidad de 118.770 Euros”.

Estas son las penas que ha confirmado la Audiencia Provincial de Cantabria para un ganadero condenado por un delito continuado contra la fauna por uso de cebos envenenados, previsto y penado en el artículo 336.2 de nuestro Código Penal, en concurso con un delito continuado de muerte de especies amenazadas, previsto y penado en el artículo 334.2 del mismo texto legal.

En el supuesto enjuiciado, el acusado que ejercía como ganadero en el término municipal de Valdeolea (Cantabria) llevó a cabo una serie de actuaciones tendentes a hacer desaparecer el Lobo Ibérico y los posibles ataques de éste a su ganado. Nada más y nada menos que decidió colocar carne impregnada de sustancias tóxicas y venenosas, idóneas para provocar la muerte de cualquier animal que lo ingiriera, con la clara intención de acabar con el lobo ibérico.

La colocación de estos cebos se realizó sin ninguna consideración y obviando la alta probabilidad de que otras especies pudieran morir con la ingesta de ello. De hecho así ocurrió, la actuación del acusado causó la muerte a 24 animales de 5 especies diferentes, declaradas algunas de ellas como especies de protección especial y especies en peligro de extinción (5 perros, 1 gato, 3 zorros, 4 buitres y 11 milanos reales).

Hoy conocíamos la Sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria, de 15 de Noviembre de 2.016, que confirmaba la Sentencia del Juzgado de lo Penal nº 3 de Santander, y que considera que las pruebas no dejan lugar a dudas de que el acusado fue quien manipuló las sustancias tóxicas y las colocó impregnadas en carne cruda, llegando incluso a encontrarse su ADN en los guantes hallados en el lugar.

Desgraciadamente, la colocación de cebos envenenados es una práctica arraigada en el ámbito rural, que produce graves consecuencias para la fauna, además de un riesgo para la salud pública y el medio ambiente, por lo que debido a su gravedad está expresamente prohibido en la legislación nacional y autonómica, siendo incluso constitutiva de delito.

El estado de crispación alrededor de la relación “ganadería - lobo” ha aumentado considerablemente en los últimos años, sin embargo entiendo que la “gestión a tiros” o en este caso “el uso de cebos envenenados” no puede desembocar en nada bueno, y mucho menos en una solución. Entiendo que queda mucho por hacer en este aspecto, y mucho por concienciar y hacer entender en todos los ámbitos, no solo el ganadero, que el problema no es el lobo, sino la escasez de mecanismos por parte de la Administración para que los daños causados sean efectivamente sufragados, evitando a su vez que la picaresca convierta la mala suerte en un negocio.

Solo puedo acabar diciendo LOBO VIVO, LOBO PROTEGIDO YA

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